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- Impulso octubre 2026
¿qué nos lleva a la comunión con Dios y qué nos deja fuera de ella? Un aspecto de la parábola del hijo pródigo nos ofrece una perspectiva interesante.
El hijo pródigo regresa y le pide perdón al padre. Este le da una túnica nueva, un anillo y calzado nuevo: “Mi hijo se había perdido, y ha sido hallado”. Se celebra una gran fiesta: hay comunión entre padre e hijo, comunión de todos los presentes, unidad en toda la diversidad. Una comunión perfecta de amor. Y entonces surge la pregunta: ¿cómo se puede ingresar a esta fiesta?
Para comprender cómo no se ingresa, fijémonos en el hijo mayor. Le fue dicho: “Tu hermano ha venido”. Se enojó y se quedó afuera. El padre incluso salió a buscarle y lo invitó a entrar. La puerta estaba abierta. Pero él no quiso entrar para nada.
En una conversación posterior entre el padre y el hijo, quedó en claro que el hijo mayor estaba ofendido, atrapado en el orgullo y la contienda.
Aquí reconocemos que no es el padre quien bloquea el camino hacia la fiesta. Es el propio hijo mayor quien se queda afuera, detenido por el resentimiento, las comparaciones y pretensiones. La puerta está abierta, la invitación sigue vigente, el camino está libre. Pero solo puede entrar quien esté dispuesto a hacer a un lado su propia actitud.
Así nos invita Dios también a nosotros: No te quedes afuera. Deja atrás lo que te separa: las diferencias, el orgullo, el estar ofendido. Entra en la comunión que Dios nos regala. La puerta está abierta.
De un Servicio Divino del Apóstol Mayor
Octubre 2026