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Alegría: el problema es que, en la sociedad, a veces incluso en la Iglesia o en la vida personal, quizá haya actualmente una notable falta de alegría.
Si observamos las sociedades en los últimos meses y años hay tanta falta de alegría. Se percibe un gran vacío, y también a veces hay falta de alegría dentro de nuestra Iglesia. Solo tenemos que mirar nuestra propia vida: hay situaciones que son terriblemente dolorosas.
Sin embargo, en todas partes se siente: “¡Queremos alegría!”. Las personas que nos rodean, las sociedades, las comunidades, e incluso nosotros mismos a nivel personal en nuestra vida, queremos alegría. Todos sentimos un profundo anhelo de alegría. Pero la pregunta es: ¿cómo lograrlo? El Apóstol Pablo da la respuesta: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).
La alegría de la que habla el Apóstol Pablo es una alegría muy profunda, hermosa y sencilla. Esta alegría tiene que ver con la cercanía, la confianza, el amor, el sentirse como en casa, los brazos abiertos. Esta alegría perdura para siempre. Esta alegría surge de nuestra relación con Dios o, mejor dicho, de la relación de Dios con nosotros.
De un Servicio Divino del Apóstol Mayor
Noviembre 2026