Examen final

Cualquiera que aprenda una profesión, tarde o temprano tendrá que hacer un examen. El que es examinado no tiene que ser perfecto ni aprobar con la máxima calificación posible; sin embargo, debe ser evidente que básicamente podrá ejercer la profesión elegida sin problemas.

Como renacidos también nos encontramos en una especie de formación profesional. Hemos sido llamados a reinar junto a Jesucristo en su reino de paz como el sacerdocio real y a predicar el Evangelio a los seres humanos. En los Servicios Divinos somos preparados para esta tarea; en la vida cotidiana la parte práctica debemos poner por obra lo que hemos escuchado, seguir a Cristo, servirlo a Él y a nuestro prójimo, y anunciar el Evangelio. Cuando Jesús venga nuevamente, nos pondrá a prueba y se llevará con Él a los que estén dispuestos a cumplir su profesión, el sacerdocio real, en el reino de paz. Hasta entonces no tenemos que llegar a ser perfectos, ni podemos llegar a serlo. Pero debería ser evidente que con la ayuda de Dios estaremos a la altura de nuestra tarea.

Por suerte, tenemos un Maestro que siempre está a nuestro lado para ayudarnos. Si ve nuestro esfuerzo, con gusto en su gracia añadirá al final lo que falte.

Impulso de un Servicio Divino del Apóstol Mayor